Amigos:
Voy a proponer un brindis por nuestra huésped ahora condecorada, nuestra amiga, la canciller
de Colombia Carolina Barco Isakson. Como ustedes saben, la República Argentina sólo
condecora a ciudadanos extranjeros, pero en el caso de la canciller Barco es bastante difí
cil estar seguros de su condición de no-argentina.
¿Cómo podía imaginar el sueco ingeniero Isakson, enfrascado en el petróleo de la Patagonia,
que la nacionalidad argentina es pegajosa como el ius soli, y que ponía en riesgo la posibilidad
de que su descendiente recibiera la Orden del Libertador?
Ahora que la Gran Cruz luce merecida en usted, canciller, puede estar tranquila y confesarnos
su nacionalidad argentina de corazón, las historias de soledades patagónicas que también la
formaron en la infancia (y la patria es la infancia).
No es infrecuente este problema con los colombianos. Hace unos diez años se implantó entre
nuestros países un sistema de intercambio estudiantil universitario, que resultó especialmente
fructífero en la corriente de estudiantes colombianos de medicina que llegaron y siguen llegando
para estudiar y graduarse en la Argentina. Con ellos tenemos el mismo "problema": se nos van
de vuelta a la Medellín de la desgracia inmortal de Carlos Gardel, a la Barranquilla del poema
acuático de Nicolás Guillén que muchos argentinos conocemos ("ay, qué lejos Barranquilla..."),
a Santiago de Cali (la del América de Cali, nada menos), a la populosa Bogotá... Pero esos
colombianos que se nos van, se van a su tierra casi más argentinos que algunos que se nos
quedan, rebeldes, enamorados, regalando su inigualable habla correcta y sabrosa en nuestras
facultades de medicina, en nuestra sociedad.
Voy a proponer un brindis por lo bueno que es sabernos acompañados desde el norte por
Gabriel García Márquez (de relación tan especial con la Argentina) y por Fernando Botero
(cuyas estatuas enriquecen también a Buenos Aires), o más recientemente por los "sueños" de
Luis Roldán o las "letargias" de Johanna Calle. Todos ellos, y muchos otros, son la avanzada de
Colombia en la Argentina y esta tierra los recibe como propios.
Voy a proponer finalmente un brindis por ambos pueblos, que siguen necesitando ciertas cosas
básicas que en otras partes del mundo se dan por sentadas: paz, trabajo, justicia, una vida digna.
Esperemos estar desde los gobiernos a la altura de esas necesidades. Nuestra homenajeada de
hoy, la canciller Carolina Barco, indudablemente lo está.
Canciller, amigos: por Colombia, por la Argentina... |